Datos personales

sábado, 20 de enero de 2018

Enredo tributario 2: ¿y ahora, quién podrá compensar la renta presuntiva?

Y seguiremos tratando de comprobar, empíricamente, que Einstein tenía razón cuando afirmaba que lo más difícil de entender en el mundo es el impuesto sobre la renta…y que para fortuna de Albert, no conoció el sistema tributario colombiano, porque hubiera enloquecido tratando de encontrarle explicación a las complicaciones adicionales que se crean por acá. Así que vamos a hablar de las dificultades para compensar el exceso de renta presuntiva.

Enredo 2
Si de locos se trata, la tributación en Colombia y quien la crea, pueden tener una mención especial. La semana pasada nos referimos al problema que los pensionados pueden empezar a observar con la renta presuntiva, y hoy, siguiendo con el mismo tema, vamos a referirnos al enredo de la compensación de la renta presuntiva que se creó con el Decreto 2250 del 29 de diciembre de 2017.

Vamos por partes, como siempre: hasta hace poco, si en un año la declaración de la renta presuntiva era mayor a la renta líquida, se paga por renta presuntiva. Hasta ahí no había ningún problema. Si luego, la renta líquida volvía a ser mayor que la renta presuntiva, la diferencia entre las dos era la compensación de la renta presuntiva, volviendo en cierta forma eficiente el sistema, pues “premiaba” el volver a tener una renta líquida, lo que significaba que se estaban generando ingresos productivos. El término para poder compensar era de 5 años, plazo que era razonable para poder compensar lo que se pagó por renta presuntiva cuando no se tuvo una renta líquida alta. En serio suena difícil, pero no lo era.

Supongamos un ejemplo sencillo para que la hagamos más fácil: usted generaba un salario y unos arriendos de unos inmuebles, y estos ingresos generalmente (hagamos por el momento abstracción de las deducciones) eran su renta ordinaria que equipararemos para efectos académicos a la renta líquida. Así, ganaba su salario, le sumaba los arriendos y eso le daba mayor a la presunción de lo que tenía que rentar su patrimonio, que son los dos valores que se comparan.

Si usted perdía su trabajo por unos años, y caía en la renta presuntiva, pagaba la presuntiva. Supongamos que volvía a encontrar trabajo después de unos años, y ahí volvía a tener una renta líquida mayor a la presuntiva, con lo cual podía compensar lo que había pagado por presuntiva cuando no tuvo trabajo.

El problema nuevo que surge, es que si usted es el tipo del ejemplo anterior, y un día se queda sin trabajo, y a futuro vuelve a conseguir, quizá ya no pueda volver a hacer compensación de su renta presuntiva. Se preguntará el porqué, y se lo voy a tratar de explicar: como dijimos hace unos días atrás, ahora usted debe determinar la fuente de su ingreso y meter cada ingreso en una casilla llamada cédulas. Hay 5 de estas cédulas, una para sus salarios (y todo lo demás que el art 103 del Estatuto Tributario equipara a lo que es un salario), una para las pensiones, una para las rentas de capital, una para los dividendos y una para todo lo demás, que se llama rentas no laborales.

Pues bien, según el mencionado decreto, ahora la compensación del exceso de renta presuntiva se hará en la cédula rentas no laborales, por lo que excluyó, de un plumazo, todos los ingresos provenientes de las otras cédulas. En el ejemplo que hablamos anteriormente, si usted es un asalariado y recibe unos arriendos, tendrá ingresos por la cédula rentas de trabajo y por la cédula rentas de capital, pero no habrá nada en la cédula rentas no laborales.


Si hasta ahora ha entendido todo este cuento, verá en el caso expuesto anteriormente, que lo que se pagó de más por la renta presuntiva, no podrá ser compensado pues no se puede. Sin lugar a duda, otra de las nuevas complejidades tributarias…por eso, el uno debe ir antes que el dos y, lo mejor, es tratar de no caer en temas de renta presuntiva…claro que se puede, nuevamente, debe preguntar cómo se puede…  

sábado, 13 de enero de 2018

Enredo tributario 1: El lío de la presuntiva y los pensionados

Atribuyen a Albert Einstein la frase “Lo más difícil de entender en el mundo, es el impuesto de renta”. Y bueno, sí además de la complicación natural que implica el impuesto de renta, los que diseñan los tributos se ponen creativos y enredan las cosas mucho más, se vuelve aún más interesante el tema. Quise empezar una serie de artículos sobre estos Enredos Tributarios, de la manera más sencilla, amena, amable y cordial que encuentro, tratando de que todo el mundo entienda un poco el mundo tributario.
 Enredo 1:
Bastante “interesante” lo que va a pasar con la Renta Presuntiva en Colombia. En efecto, este era un tema que si bien no era muy popular, va a empezar a ser bastante comentado en los próximos meses. Todo empezó por la última reforma tributaria, Ley 1819 de 2016, y quedó mucho más complejo por el Decreto 2250, que reglamentó, entre muchos otros, este tema de la presuntiva.
Vamos por partes para entenderlo mejor: la Renta Presuntiva es la presunción (lógico) que hace el Gobierno de lo que debe rentar el patrimonio líquido (patrimonio bruto menos deudas). Si esta presunción (3.5% del Patrimonio Líquido) es mayor que los ingresos depurados, se paga el impuesto de renta sobre la Renta Presuntiva. Así, supongamos que hay un patrimonio de $10.000 millones, lo que genera una presunción de $350 millones. Si los ingresos del año fueron $100 millones, la presunción fue mayor, por lo cual la tributación se realiza sobre la renta presunta, no sobre el ingreso.
Ahora bien, desde el año 2017 debemos saber de dónde sale el ingreso por fuente del mismo, catalogando cada pedazo en alguna de las 5 cédulas creadas para tal fin: la de rentas de trabajo; la de rentas pensionales; la de rentas de capital; la de rentas por dividendos; o la de rentas por ingresos no laborales, la cual, digamos, es la cédula donde se catalogan los ingresos que no pueden ser catalogados en ninguna otra cédula (con una gran excepción, y es que algunas personas naturales, que contraten a dos o más personas para desempeñar una actividad por un período de más de 90 días durante un año calendario, deberán incluir sus ingresos en la cédula de rentas no laborales, no en la de rentas de trabajo, así los ingresos sean producto de comisiones u honorarios…parte de las complicaciones de la tributación).
Bueno, para que comprendamos mejor: hasta el año 2016 a los ingresos totales se les restaba algo que se llaman los ingresos no constitutivos de renta ni ganancia ocasional y se llegaba a algo que se llamaba la renta líquida (es un poco más técnico, pero a grandes rasgos funcionaba así). Esa renta líquida se comparaba con la presunción de renta del patrimonio y al mayor valor de los dos se les restaba las rentas exentas (entender esta última frase es crucial para comprender el cambio, y resalto que las rentas exentas se le podían restar al ingreso presunto, que en el caso de los pensionados que vamos a ver es importantísimo), entre las que se encuentran las mesadas pensionales (menores a $33 millones por mes). De esta forma, si tenía un ingreso presunto de $150 millones, y una mesada pensional por año de $120 millones, se restaban los $120 a los $150, llevando a una base gravable de $30 millones, que dentro de la tabla de tributación llevaba a pagar $0 en impuestos.
Sin embargo, la nueva redacción tributaria de la Ley y del Decreto, traen muchos cambios no tan positivos para grupos como los pensionados.
Miremos con algo más de detalle: ahora el ingreso presunto se compara contra la sumatoria de las rentas líquidas cedulares, que son los valores que se obtienen de restarle a los ingresos de cada cédula los ingresos no constitutivos de renta, los costos y gastos (cuando apliquen), y las rentas exentas y deducciones. Si esta sumatoria de rentas líquidas cedulares es menor que el ingreso presunto, este ingreso presunto se adicionará a la renta líquida cedular de la cédula de Rentas No Laborales (si le suena complicado, es porque en efecto lo es).
En efecto esto creará muchos problemas, como dije especialmente para los pensionados. Veamos un ejemplo sencillo, para que quede un poco más claro: si usted fue un pensionado juicioso que ahorró durante toda su vida laboral, quizá ha recibido una herencia, y realizó algunas buenas inversiones durante su vida (por ejemplo, compró hace años algunos inmuebles que hoy tienen un buen valor) y tiene un patrimonio de unos $5.000 millones, su renta presuntiva (descontando las primeras 8.000 UVT de su casa de habitación, que son unos $264 millones), estará alrededor de $160 millones.
Supongamos que tiene una pensión de $6 millones mensuales, es decir, unos $78 millones de ingreso por año. ¿Qué debe hacer en este caso? Primero, depure la cédula de rentas de pensión, que básicamente lo debe llevar a una renta líquida cedular de cero (0), puesto que esa pensión entra dentro del monto de las que están totalmente exentas (además restó los aportes a salud obligatoria, que son ingreso no constitutivo de renta).
Acto seguido, sume todas las rentas líquidas cedulares, que como en este caso suponemos que no hay mas, el resultado es cero (arriba mencioné que realizó unas buenas inversiones y compró algunos inmuebles, algunos de los cuales tiene arrendados y generan rentas, las cuales van a la cédula rentas de capital; sin embargo, para no complicar el ejercicio, vamos a suponer que solo tiene la pensión).
Y luego, compare los dos valores…sí en este caso el ingreso presunto es mayor, y de esta forma, los $160 millones los debe sumar a la renta líquida cedular No laboral (que no tiene, es decir es cero), por lo que el resultado es ese mismo $160. Y lleva, finalmente, este valor a la tabla de impuesto de renta (tabla que, por cierto y si no lo sabe; lo puede llevar a pagar hasta el 35% de impuesto).
Si en este momento está pensando en que esto luce extraño y que parece que va a pagar un impuesto que quizá no estaba pagando anteriormente, eureka, lo ha entendido bien. En efecto, es un procedimiento muy extraño y sí, si usted es un pensionado como el del ejemplo, pagará un impuesto que antes no estaba pagando. De hecho, puede ser que una de sus mesadas mensuales, o incluso más, deba ser destinada para el pago del impuesto anual.
Puede ser que hasta el momento no haya sentido el tema, porque el primer impuesto de renta por renta presuntiva al que se verá abocado, será calculado este año en la temporada de presentación de declaración de renta entre agosto y octubre. En ese momento, se verá el impacto de esto, con base en el patrimonio líquido poseído al 31 de diciembre de 2016 (el cual generó el ingreso presunto durante todo 2017). Y si no conocía eso, es muy probable que tampoco haya buscado alguna optimización tributaria para cierre de 2017 por lo cual, las malas noticias serán que también verá el efecto en la declaración de renta que presente en 2019.
Muchos analistas contables y tributarios creen que quizá este tipo de temas podrán ser corregidos por la autoridad fiscal (DIAN) mediante doctrina, pero si uno se acoge a lo que dice literalmente la ley y el decreto, al día de hoy debería operar lo que les conté arriba.
Así termino esta primera entrega de los Enredos Tributarios, esperando que no se vayan de para atrás con el tema de la presuntiva y su efecto sobre los pensionados. Espero volver lo más pronto posible con la segunda parte. Y claro, soluciones existen, no crea que no! Solo debe preguntar cómo...

jueves, 4 de enero de 2018

Del ladrillo al bitcoin...quiero entender

Mi trabajo es altamente interesante y deja muchas enseñanzas cada día, y se puede resumir, digámoslo de cierta forma, en interactuar con personas muy diversas, aunque con un denominador común: quieren encontrar confianza para saber cómo lograr cumplir metas trazadas con base en sus ahorros, su capital y el trabajo de toda su vida.
Y dentro de las enseñanzas diarias, no he podido dejar de pensar la forma en que la cabeza de cada ser humano piensa y toma decisiones, y por eso desde hace unos años me interesé fuertemente por temas que hoy han ganado mucha relevancia y protagonismo, como la sicología del inversionista y, en general, en todo aquello que trata de explicar la razón por la cual las personas toman decisiones muchas veces ilógicas. Así, desde las teorías de Kahneman hasta los escritos del más reciente nobel de economía, Richard Thaler, han nutrido la curiosidad que me despierta el tema de la mente humana.
Y recientemente, he visto con interés la toma de decisiones de una manera de las más locas y disparatadas que pueda encontrarse. Hace unos días, mi buen amigo Felipe Campos, publicó una imagen de Citi Research en se veía que en Colombia las inversiones en Bitcoin ya representan un equivalente al 2% del PIB. Obviamente, hay muchas explicaciones para ese tema, una de ellas, publicada por la Revista Semana, pasa por el hecho de que el lugar del país en que más se mueve el Bitcoin es Caquetá, fenómeno explicado, según los analistas, por el hecho de que eso permite de manera relativamente fácil la legalización de capitales provenientes de actividades ilegales, pues los dólares mal habidos son cambiados, en efectivo, por bitcoins que entran al circuito económico sin control ni seguimiento de ninguna autoridad.
Pero más allá de la explicación de la ilegalidad, hay un hecho que me ha llamado poderosamente la atención: muchas personas recientemente me dicen que quieren invertir o que han invertido en bitcoins y, de hecho, he visto capitales salir de inversiones tradicionales hacía una aventura en criptomonedas. No siempre capitales pequeños, en algunas ocasiones, capitales relativamente grandes. La fiebre del oro cibernético, podría decirse (no entraré en el juicio de discutir en sí misma la inversión en criptomonedas, sino el comportamiento que explicaré en el párrafo siguiente).
Lo curioso de la historia es que muchos inversionistas del bitcoin son los mismos que, tradicionalmente, han dicho que la inversión más segura es la finca raíz, que los ladrillos siempre están ahí, que eso siempre se valoriza, entre muchas explicaciones. Son personas que, al hablarles de bonos o de acciones, y del funcionamiento de estos activos, dicen que no se entiende el tema de la fluctuación de los precios, que no es clara la forma en que funciona una acción o un título de renta fija. Y me llama fuertemente la atención, porque muchos están convencidos de forma ciega en la inversión en criptomonedas tema que, debo admitir, no conozco a profundidad y no he logrado entender en su totalidad.
No entraré en detalles de lo que es un bono o una acción, aunque por mi propio sesgo de lo que es mi trabajo, creo que tienen, en mayor o menor medida, un entendimiento más simple de lo que es una criptomoneda para la mayoría de la gente. Por eso, es que estos impulsos de inversión tan radicales (pasar de la finca raíz al bitcoin, sin filtro intermedio) son un muy buen tema de análisis, porque del ladrillo al bitcoin hay un océano de distancia.      

domingo, 31 de diciembre de 2017

Mi vida en los años terminados en 8

Unas noches atrás, en medio del insomnio, empecé a pensar en las coincidencias que han acompañado los años terminados en ocho (8) desde que tengo uso de memoria. En particular, tres cosas han sido comunes a esos años: crisis, retos y una nueva silla. Les voy a contar un poco, para que vean las coincidencias.
Es más sencillo comenzar por las crisis, y aquí vamos: no creo que deba ahondar mucho en lo sucedido en 2008; sin embargo, para los que no lo tienen tan claro, un recuento muy sencillo comienza por un enero en el cual, por primera vez en la historia, una entidad tan prestigiosa como Merill Lynch daba pérdidas, lo que llevó a un inicio de año muy movido (enero de 2008); luego en marzo, JP Morgan compraba a una emproblemada Bear Stearns, y, finalmente, un 13 de septiembre nos despertábamos con la noticia de que Lehman Brothers quebraba. Lo demás, es historia ampliamente conocida.
Diez años más atrás, es decir, en 1998, teníamos temas como la crisis rusa, la quiebra del fondo de inversión Long Term Capital Management (LTCM), entre otras cosas. Y en 1988, no tengo mucha memoria, aunque me imagino que aún, por lo menos para los que estamos en el sector financiero, que el mundo vivía aún las secuelas de la gran caída de la bolsa norteamericana en noviembre de 1987. En ese año, mi recuerdo más vívido, tiene que ver con el boxeo (Miguel “El happy” Lora y Eliecer Julio, éste último en los juegos olímpicos de Seúl) y con el fútbol local (no entraré en mayores detalles).
Ahora vamos con los retos, que tienen que ver, a su vez, con lo que me he dado en llamar en encontrarme, en estos años ochos, en una silla diferente a la que tenía el año inmediatamente anterior. Aquí sí iré en orden cronológico: en 1988 entraba al primer año de bachillerato (exacto, en esa época no era sexto, era primero de bachillerato), por lo que me encontré, claro está, sentado en la escuela secundaria (la nueva silla) con un reto grande por delante: mi colegio tenía una característica especial, y es que en primaria utilizábamos uniforme, un saco gris con camisa blanca, pantalón azul y zapatos negros; sin embargo, al entrar a bachillerato, ya podíamos irnos vestidos como quisiéramos (lógicamente, dentro de unas normas preestablecidas), y ya adivinarán que, para un preadolescente, vestirse diariamente de la forma que quisiera, era un reto, a veces una pesadilla (especialmente para mis padres), lo cual, sumado al hecho de estar en bachillerato, podría llegar a ser un espectáculo particular. Bueno, esa es la historia a mis 11 años ( y comprendan que para alguien de esa edad, este tipo de cosas pueden ser un reto importante).
En 1998 la historia ya es un poco más compleja, y es que se acabó mi vida universitaria. De repente, en 1998, estaba en un reto, buscar trabajo, y en una nueva silla, la del desempleo temporal (afortunadamente, es temporal). Así, sin mayores detalles, se resume mi vida hace casi 20 años.
Y 2008, fue bastante dinámico: ya les hablé de la crisis financiera, y entenderán que, para alguien que se dedica a la investigación financiera y a tratar de anticipar los movimientos de los mercados financieros, ese año fue, digámoslo, muy “interesante”. Pero sobrevivimos, y, podemos decir, nos fue muy bien, tanto así que salimos fortalecidos de dicha experiencia. También tuve una nueva silla, que fue casi que un sofá, porque fue doble silla: de una parte, desde ese año funciona a pleno un área (en ese momento cero kilómetros que tuve el honor de crear) dentro de la compañía en la cual trabajo que sigue y que se ha fortalecido; y de otra, tuve un negocio nuevo (emprendimiento, que llamarían ahora). Como se observa, retos por montones y unas nuevas sillas.
Para no aburrirlos y no extender la historia, la conclusión es sencilla: si se mantiene el patrón de los últimos 30 años, de cada año que termina en ocho (se descarta 1978, porque no recuerdo mucho, aunque de seguro algo emocionante sucedió) , este 2018 que apenas va a comenzar tendrá una crisis (financiera), me traerá un gran reto y me encontrará, de alguna forma, en una nueva silla…qué será y en qué forma vendrá? No lo sé, muy complejo decir cómo, cuándo y de qué forma pasará; pero una cosa es segura: todo será para mejorar, aprender y ser un mejor ser humano, tal como lo han hecho conmigo 1988, 1998 y 2008… 

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Pensiones, tema complejo y de necesaria discusión

Un tema candente durante estos últimos días de 2017 ha sido el pensional. Dos noticias han acaparado los titulares recientemente: la primera, la reforma pensional adelantada por el gobierno Macri en Argentina, conducente a tapar un hueco fiscal en el sistema mayor a los 5 mil millones de dólares; y la segunda, el anuncio en Colombia del presidente Santos de que no hubo tiempo para hacer una reforma pensional, y que el próximo gobierno debe quedarse con esa tarea.

El asunto no es nada sencillo: aquí juegan dos fuerzas a veces diametralmente opuestas, una de las cuales siempre tendrá un alto costo político. La primera fuerza es la racional, aquella que indica que un sistema insostenible debe ser reformado, con el fin de que el consumo de recursos no afecte a la sociedad en general; y la segunda fuerza es la emocional, en la cual entran los argumentos de justicia y equidad, pero más aún el argumento de estar afectando a una de las poblaciones más vulnerables de todas, como son los adultos mayores (o viejos como se decía anteriormente, término bello pero que desencadeno en, también, un argumento emocional, de que se refería a esa población mayor de forma peyorativa…nada más alejado de la realidad).

Claramente, desde que el sistema pensional fue creado, muchas cosas han cambiado. Ya no solo la gente vive más tiempo, sino que cada vez la población joven ─aquella que con su trabajo debe sostener a la población mayor, por una vía u otra─ es más escasa. Atrás quedaron las épocas de nacimientos de 7, 8 o más hijos, lo que garantizaba que muchos jóvenes en la fuerza laboral, pudieran pagar las pensiones de menos viejos que, además, vivían mucho menos.

En vista de esos cambios demográficos, el sistema tradicional de pensiones es insostenible: cada día, de mayor manera, se deben destinar mayores recursos de los impuestos recaudados para poder financiar las pensiones de los viejos que están jubilados. Claro, otra consideración también entra en escena: la mayoría de los viejos no son jubilados, pues la informalidad laboral y el sistema, llevaron a que la mayoría de los que hoy son viejos, hayan quedado excluidos del sistema pensional, creando un problema paralelo que también debe ser atendido con recursos del presupuesto nacional. En sí mismo, esto último no entra en discusión: ¿quién le va a negar unos ingresos mínimos de subsistencia a una persona mayor que no tenga cómo financiar una vejez digna?

La receta básica para tratar de corregir el desequilibrio es, subir la cotización a pensión obligatoria y aumentar la edad de retiro. En la hoja de cálculo esto funciona bien, salvo un par de detalles que son bastante cuestionables: el primero, que ya de por sí existe una alta carga tributaria y subir la cotización, si bien es realista pues es un mayor ahorro para el futuro, seguiría minando la capacidad de compra de la mayoría de la población en el presente; y el segundo tema, es un mercado laboral que tiende a excluir a personas mayores de cierta edad, por lo cual aumentar la edad en la que vas a recibir la mesada pensional, solo podría aumentar un problema de por sí ya presente en muchas formas, es decir, de personas que en cierto momento ni reciben salario y todavía les falta el requisito de la edad para acceder a su pensión.

Es totalmente cierto que la reforma pensional es necesaria para corregir algunos desequilibrios, infortunadamente la mayoría de veces que se quiere discutir este tema, se corre a taparlo, pues una reforma de este estilo es inmensamente impopular (si se hace bien hecha, valga decirlo) y eso va en contravía de los intereses de la clase política. En Colombia se hizo en el año 1993 una reforma que, para tratar de complacer a muchos frentes, creó una figura pensional que crea muchos más problemas: un sistema dual conviviendo, en el cual la mayoría de trabajadores no sabe hacía donde dirigir sus esfuerzos pensionales; un régimen de transición de 20 años (un exabrupto); regímenes especiales que todavía viven y crean cargas económicas adicionales muy complicadas de corregir; entre muchas otras.

Por sí sola, la reforma pensional soluciona una parte, pero debe venir acompañada también de una reforma laboral. Eso sí, lo que no se debe hacer es, como muchos proponen, hacer primero la laboral, ver cómo funciona, y luego sí entrar en discusión de una reforma pensional. Eso, sencillamente, es seguir aplazando una solución que se necesita.


Sobre la mesa de lo que debe ser una reforma óptima hay muchas propuestas, y debe ser deber del próximo gobierno, llevar a una mesa de concertación los puntos que deba tener la reforma, donde estén muchos actores involucrados. Incluso, debe haber alguien que abogue por los niños y niñas de este país (incluso los que aún no han nacido), porque son ellos, dentro de 30 o 40 años, los que van a terminar pagando de su bolsillo y de sus impuestos, la ineficacia de las generaciones actuales de no haber podido tramitar una reforma pensional que garantice ingresos para los mayores y una sostenibilidad del sistema a futuro.   

viernes, 6 de enero de 2017

Impuestos y la mente del consumidor

Impuestos y la mente del consumidor
Se abre el año 2017 con una nueva reforma tributaria ─para no perder la costumbre colombiana de tener el record mundial en reformas tributarias “estructurales” aprobadas cada dos años ─, y es importante mencionar los efectos que desde el punto de vista del consumidor final, puede tener este hecho.

Ya existe suficiente ilustración sobre las consecuencias que en las cuentas fiscales del país tendrá la reforma, y en el recaudo que traerá la misma. Pero el consumidor final sí va a ser afectado y en gran medida por los efectos de la nueva ley.

En primer lugar está el aumento del IVA en tres puntos, que si bien deja con tributación cero a un grupo de bienes y servicios, sí toca a otros que son de alto consumo para una persona del común en su día a día. Obviamente, un aumento del impuesto con un reajuste de precios debido a inflación, sube el valor final al comprador el cual, inmediatamente, sentirá una sensación de pobreza, que lo llevará a restringir el consumo de ciertas cosas. Para evitar los malos entendidos: obviamente un mayor impuesto deja menos recursos en los bolsillos de las personas y en ese sentido sí tienen menos capacidad de compra, pero la sensación de pobreza experimentada, puede ser mayor al impacto propio del impuesto.

Esta  es una acción natural de todo ser humano, ampliamente estudiada por ciencias como la sicología y las neurociencias, que han encontrado que todos los humanos, ante una sensación de pobreza, prefieren tomar decisiones económicas muchos más cautas (este efecto se ve también, por ejemplo, cuando bajan los precios de activos financieros o como cuando bajó el precio de la vivienda en USA tras la crisis de 2008…¿o por qué creen que el consumo norteamericano no reaccionaba a pesar de las toneladas de dinero que inyectó la FED a la economía?).

Pero el efecto impositivo es mucho más complejo: muchas personas naturales también verán afectado su impuesto de renta (pagando más desde este año), por lo que el impacto podría ser aún mayor. Si bien el gran titular fue que no se tocó la tabla del impuesto de renta y que no tributarán los colombianos de menores ingresos, sí hay una afectación que se debe mencionar: al disminuir el monto máximo de exenciones y deducciones que puede tomar un contribuyente para bajar su base gravable, muchos empezarán a pagar impuestos mayores. Una aclaración que se torna válida: la tabla de declaración de renta es sobre la base gravable, no sobre los ingresos brutos, por lo cual al tener una base gravable mayor (producto de lo explicado anteriormente), el impuesto será mayor.  

Y no precisamente los de ingresos más altos serán los más afectados, pues estos contribuyentes ya en muchos casos veían un tope máximo de restas en sus bases gravables. Así las cosas, la mente del consumidor con el impacto de la reforma, jugará un papel fundamental en el desarrollo de algunas variables en los próximos meses.   

viernes, 9 de diciembre de 2016

Claro, la tasa debe bajar (motivo 1)

Claro, la tasa debe bajar (motivo 1)
Ante los hechos dicientes de una desaceleración de la economía colombiana, no quedará más remedio que una disminución de las tasas de interés por parte del Banco Central. Esa, por lo menos, es la receta clásica de los libros de texto para impulsar la economía y, en un país donde estamos muy lejos de la heterodoxia monetaria creativa que se inventaron en el mundo desarrollado (entiéndase Expansión Monetaria), la aplicación de las recetas clásicas es lo mejor que se debe hacer.

Parece menester impulsar nuevamente los sectores que hace un tiempo jalonaron el crecimiento económico y que al día de hoy, han estado retrocediendo, especialmente el de la construcción, que es muy sensible a la tasa de interés: tasas más altas, impactan el costo del crédito y por ende, desestimula el mecanismo de transmisión al sector real de la economía. Si el costo del crédito no baja, muy difícilmente se reactivaría el sector a las tasas que se estaban viendo anteriormente.

Ahora bien, el otro punto es el relacionado con si en el sector vivienda existe o no un precio muy alto en algunas zonas del país y en algunos estratos particulares. Las bajas tasas relativas de créditos hipotecarios en años pasados llevó a un incremento de la demanda, lo que hizo subir los precios sustancialmente, mucho más de lo que fue el crecimiento en poder adquisitivo de la población dispuesta a comprar vivienda. Así, se conjugan al día de hoy dos factores que son los que dan para pensar: de una parte, el que quiera comprar vivienda hoy, debe pagar más por un inmueble parecido que si lo hubiera comprado años atrás; y de otra parte, debe pagar un crédito más costoso.

Un ejemplo muy sencillo con números:

·         Si compré una vivienda a 200 millones de pesos, con un crédito al 8%, pagaría de intereses 16 millones de pesos por año (con la simplificación extrema del caso, para efectos ilustrativos únicamente)

·         Si compré la misma vivienda a 300 millones de pesos, con un crédito al 12%, pagaría de intereses 36 millones de pesos por año.  

El ejemplo anterior muestra el punto clave de todo el proceso: el incremento en el precio de la vivienda más el incremento en el precio del crédito, lleva a que personas en condiciones similares en cuanto a ingresos, hoy en día destinen mucho más de sus ingresos mensuales al pago del crédito hipotecario que el que compró la misma vivienda años atrás.

Esa es una situación que necesariamente debe corregirse, para impulsar de nuevo la economía. Si no se da este avance con reducción de tasas, es posible que el sector no logre retomar nuevamente una dinámica que impulse la economía colombiana como lo hizo hace algunos años.